martes, 10 de diciembre de 2013

Antiguos compañeros del Sinatin 2 en AUPSA.

Mi amigo Alberto Rodríguez Inda me visitó hace poco y platicamos de los tiempos en que trabajamos en AUMAZ siendo integrantes del Sinatin 2. Me contó que él ingresó a trabajar al astillero en 1979, muchos años antes que yo. Era la época de AUPSA, Astilleros Unidos del Pacífico, S.A. Estaba próxima la liquidación de todo el personal, sindicalizado y de confianza, para dar paso a a AUMAZ, Astilleros Unidos de Mazatlán. Claro que ellos no lo sabían y se dedicaban a lo suyo: construir y reparar embarcaciones.
Alberto Rodríguez Inda, más conocido como “Rayo”, entró muy joven a trabajar a AUPSA. Ahí conoció a muchos compañeros. Amablemente accedió a mencionar a algunos, para que quede constancia del paso de ellos por la historia de nuestro sindicato.
Recuerda los nombres, oficios y apodos de algunos: Federico Ornelas “maestro Nikita”, Gonzalo Ruedas “camarón”, Bruno González (tornero), Miguel “camichina” y Pedro Osuna (soldadores), Maclovio Niebla, Julio García (carpintero), Abraham Villela (mecánico),, Manuel Rodríguez (tubero), Víctor Figueroa, Gilberto Lerma (pailero), Jesús Martínez (pailero), Salvador Reynoso (pailero), Timoteo Díaz (tornero), Juan Sánchez “el botas” (soldador), el “guayabo” (soldador), Chabelo (carpintero), Rafael Cisneros (maniobristas), Pancho Zazueta (soldador), “maestro” Barrón, Ramón Ornelas, Fuentes “el take it easy” (pailero), Salvador Orozco (mecánico), Margarito Chávez “la rata” (pailero), Salvador Ureña (pailero), Pablo Silva (tornero), Víctor Hernández “güero Moy” (mecánico).
Además recuerda a algunos empleados de confianza y/o administrativos: Ismael Palomares (almacenista), Francisco Lizárraga “don Panchito” (jefe de almacén), Humberto Zatarain (supervisor), “Negro” Andrade (supervisor de soldadura), Diego González (administrativo), Miguel Pimienta (recursos humanos), Samuel Herrera (vigilante).
Después de un rato de estarme mencionando todos estos nombres, nos dimos cuenta que era imposible recordar más. Tantos compañeros que coincidieron con él en esos tiempos son demasiados para nombrarlos así como así. Tal vez existan en algún lugar documentos con los nombres de todos los integrantes del Sinatin 2. Hay que notar que algunos pasaron a formar parte de AUMAZ.
Faltan aquí los integrantes del comité diretivo del sindicato, pero ya para entonces eran casi las mismas personas que sólo intercambiaban puestos entre ellos.

Martín Urquiza Pardo.
Diciembre/2013

sábado, 23 de noviembre de 2013

Elecciones sindicales.

Las elecciones a mano alzada eran caóticas y no permitían la libre emisión del voto. Muchos socios del sindicato se sentían intimidados y no votaban como realmente deseaban. Época que ya se terminó.

Sinatin en tiempos de AUPSA.

El personal sindicalizado recibía capacitación para estar actualizados. Aquí, unos ex-compañeros aprendiendo a utilizar esa moderna (en aquellos tiempos) herramienta. Años setenta.

En la puerta del astillero.

Aquí, una foto después de algunos cuantos meses, en ese mismo 2003.

La huelga.

Varios años después, la huelga parecía no tener solución.

martes, 19 de noviembre de 2013

Preparando la botadura.

La fuerza del Sinatin 2 está en sus integrantes y su capacidad para sacar adelante los proyectos.

Los representantes de décadas pasadas.

Los representantes sindicales de décadas pasadas dejaron su huella, a veces polémica. En esta foto, a la izquierda, Crispín Cárdenas, del Sinatin 2. Al centro, Raúl Vela Portilla, del Sinatin 1 (Veracruz).

lunes, 18 de noviembre de 2013

Manifestación

Y alguna vez se luchó por el reparto de utilidades.

Grúa Kone

Aquí, la grúa Kone en acción, mucho tiempo antes de la huelga de 2003.
Última versión impresa de la lista de trabajadores en el Contrato Colectivo. Para cuando estalló la huelga ya algunos compañeros no estaban y habían sido añadidos otros.

domingo, 17 de noviembre de 2013

2 La Huelga del Astillero - La conferencia

LA HUELGA DEL ASTILLERO

Por Martín Urquiza Pardo

La conferencia.

Y ahora estamos ahí, en la conferencia de prensa. Todos los diarios y los canales de televisión locales enviaron a sus reporteros para cubrir el evento. No era para menos, el astillero más grande del Pacífico mexicano estaba en huelga. La fuente de trabajo que había tenido miles de trabajadores a través de los años entraba en un impasse.
En las instalaciones del comedor para obreros se arremolinaban reporteros y trabajadores, atentos a las declaraciones del Comité Directivo y principalmente del Srio. General y del Srio. De Trabajo.
Nervioso, tal vez por ser el foco de atención, el Srio. General Francisco Felix sudaba al ir exponiendo los motivos por los que estábamos en el punto de inicio de ese conflicto laboral. Y tomándome la licencia de especular, quizás pensaba fugazmente como es que había caído sobre sus hombros la responsabilidad de sacar adelante al Sinatin 2. Podría haber estado pensando en la serie de circunstancias que habían desembocado en ese momento, o si estaba capcitado para llevar a puerto seguro los derechos de los 47 trabajadores de planta y 3 eventuales o si la justicia laboral sería rápida para determinar responsabilidades y sentencias.
Las palabras, después de sonar firmes, empezaron a mostrar un temblor en su voz, un nudo en su garganta antecedió a las lágrimas que delataban la presión bajo la que se encontraba. (En su casa, momentos más tarde, al verlo en el noticiero del canal 7, su esposa tampoco pudo contener el llanto).
No lo vi como un signo de debilidad, más bien fue darse cuenta de la realidad. ¿Cuántos sentíamos empatía en esos instantes? Tampoco sé eso, conociendo la mezquindad humana, pero en lo personal, supe que mi amigo Francisco había mostrado su lado humano. También sabía que a partir de entonces no había mas que endurecerse, actuar con sangre fría y no al calor del momento, algo que, al pasar el tiempo, muchos no comprendieron y nos llevaron a callejones sin salida y quizás no prolongar más el proceso pero sí a hacerlo más desgastante.



1 La Huelga del Astillero - Estallamiento

La Huelga del Astillero

Por Martín Urquiza Pardo

Estallamiento.

Era el 28 de marzo de 2003 y los ánimos estaban caldeados. Desde hacía meses se había estado enrareciendo el ambiente en las relaciones del sindicato con la empresa. De cara a los medios de comunicación los altos mandos del astillero culpaban de cerrazón y terquedad al sindicato, pero entre los trabajadores de planta se sabía meses atrás que el departamento de finanzas había retenido las cuotas sindicales y que tenían que ser entregadas al tesorero sindical. No sólo eso, había dejado de cumplir con el pago de las cantidades estipuladas para los rubros de deporte establecidas en el contrato colectivo de trabajo.
De los acercamientos y reuniones de los representantes de ambas partes se supo lo esencial: que la empresa seguía expresando su incapacidad para hacer los pagos pero deseaba mantener la relación laboral. No era buen síntoma, pues de esa manera, en cualquier momento podría declararse en bancarrota.
A todo eso se agregó que durante tres semanas se suspendió el pago de salarios. ¿Dónde estaba todo ese dinero generado en los años anteriores, cuando se construyeron barcos atuneros y camaroneros? Si los trabajadores pensamos, durante un tiempo, que mereceriamos, por fin, un reparto de utilidades, estábamos muy equivocados.
El Grupo Sidek, dueño del astillero Industria Naval de Mazatlán, había desperdigado las ganancias del astillero mazatleco en los otros que poseía en la costa del Pacífico: Guaymas y Ensenada.
De modo que ahí estábamos, esperando el segundo exacto de las 12 para estallar la huelga. Ese medio día en que parecía que estaba enfocado nuestro destino como agrupación sindical. No sabíamos que era sólo el principio.
El día anterior se supo con seguridad que no había vuelta de hoja: la empresa había intentado sustraer computadoras y documentos de las oficinas ubicadas en el interior de la planta. Sólo la orden del Srio. General a algunos compañeros de que impidieran eso, frustró las intenciones de quien en ese momento era máximo representante en el astillero: el lic. Vera.
Las doce en punto. Autoridades, notarios, medios de comunicación, todos atentos al desarrollo de la situación. Y así, uno a uno, todo el personal, sindicalizado y de confianza fue abandonando las instalaciones. Esa puerta de metal que nos recibía todos los días ahora nos veía salir en un desfile prolongado. El personal de confianza evitaba cruzar la mirada con nosotros los sindicalizados. El trato normal, incluso cordial, de días antes, se había terminado.
En lo personal, se me encomendó grabar en video ese momento en una camarita propiedad del Sinatin 2. Ahí en esa cinta quedaron plasmadas esas imágenes de todos los que estuvimos involucrados, cuando, hasta la luz del sol nos pareció más intensa y nos lastimaba la vista. Secretarias, licenciados, supervisores, trabajadores. Todos fuera para que las autoridades tomaran nota de que todo se realizara en apego a la ley y colocar los sellos en las puertas, esos sellos que no sabíamos cuanto durarían ahí.
Esa cinta no está en mi poder. Ignoro si exista o esté en condiciones de reproducirse. En la guerra de los formatos análogos y digitales se fue quedando obsoleta, pues era vhs-c.
Ironicámente, tengo grabada en mi mente la imagen de un compañero saliendo hasta el último momento, casi a hurtadillas, apenas antes que cerraran esa puerta. Me pareció una ironía pues el compañero era presidente de la comisión de propaganda, encargado de movilizar e informar a los compañeros en tales circunstancias. Salió y se escabulló entre los demás sindicalizados. Malos augurios.