domingo, 17 de noviembre de 2013

1 La Huelga del Astillero - Estallamiento

La Huelga del Astillero

Por Martín Urquiza Pardo

Estallamiento.

Era el 28 de marzo de 2003 y los ánimos estaban caldeados. Desde hacía meses se había estado enrareciendo el ambiente en las relaciones del sindicato con la empresa. De cara a los medios de comunicación los altos mandos del astillero culpaban de cerrazón y terquedad al sindicato, pero entre los trabajadores de planta se sabía meses atrás que el departamento de finanzas había retenido las cuotas sindicales y que tenían que ser entregadas al tesorero sindical. No sólo eso, había dejado de cumplir con el pago de las cantidades estipuladas para los rubros de deporte establecidas en el contrato colectivo de trabajo.
De los acercamientos y reuniones de los representantes de ambas partes se supo lo esencial: que la empresa seguía expresando su incapacidad para hacer los pagos pero deseaba mantener la relación laboral. No era buen síntoma, pues de esa manera, en cualquier momento podría declararse en bancarrota.
A todo eso se agregó que durante tres semanas se suspendió el pago de salarios. ¿Dónde estaba todo ese dinero generado en los años anteriores, cuando se construyeron barcos atuneros y camaroneros? Si los trabajadores pensamos, durante un tiempo, que mereceriamos, por fin, un reparto de utilidades, estábamos muy equivocados.
El Grupo Sidek, dueño del astillero Industria Naval de Mazatlán, había desperdigado las ganancias del astillero mazatleco en los otros que poseía en la costa del Pacífico: Guaymas y Ensenada.
De modo que ahí estábamos, esperando el segundo exacto de las 12 para estallar la huelga. Ese medio día en que parecía que estaba enfocado nuestro destino como agrupación sindical. No sabíamos que era sólo el principio.
El día anterior se supo con seguridad que no había vuelta de hoja: la empresa había intentado sustraer computadoras y documentos de las oficinas ubicadas en el interior de la planta. Sólo la orden del Srio. General a algunos compañeros de que impidieran eso, frustró las intenciones de quien en ese momento era máximo representante en el astillero: el lic. Vera.
Las doce en punto. Autoridades, notarios, medios de comunicación, todos atentos al desarrollo de la situación. Y así, uno a uno, todo el personal, sindicalizado y de confianza fue abandonando las instalaciones. Esa puerta de metal que nos recibía todos los días ahora nos veía salir en un desfile prolongado. El personal de confianza evitaba cruzar la mirada con nosotros los sindicalizados. El trato normal, incluso cordial, de días antes, se había terminado.
En lo personal, se me encomendó grabar en video ese momento en una camarita propiedad del Sinatin 2. Ahí en esa cinta quedaron plasmadas esas imágenes de todos los que estuvimos involucrados, cuando, hasta la luz del sol nos pareció más intensa y nos lastimaba la vista. Secretarias, licenciados, supervisores, trabajadores. Todos fuera para que las autoridades tomaran nota de que todo se realizara en apego a la ley y colocar los sellos en las puertas, esos sellos que no sabíamos cuanto durarían ahí.
Esa cinta no está en mi poder. Ignoro si exista o esté en condiciones de reproducirse. En la guerra de los formatos análogos y digitales se fue quedando obsoleta, pues era vhs-c.
Ironicámente, tengo grabada en mi mente la imagen de un compañero saliendo hasta el último momento, casi a hurtadillas, apenas antes que cerraran esa puerta. Me pareció una ironía pues el compañero era presidente de la comisión de propaganda, encargado de movilizar e informar a los compañeros en tales circunstancias. Salió y se escabulló entre los demás sindicalizados. Malos augurios.

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